viernes, 11 de diciembre de 2020

Lo poco que sé del Hombre Cohete y del Imipolex G






 






Es muy frecuente que a un servidor, Miguel Guerrero, lo confundan con el Hombre Cohete, pero es solo porque represento a la editorial en aquellas cuestiones que necesitan de un trato directo y personal con los autores y, ocasionalmente, con el impresor, y poco más. Digamos que soy, en nuestra zona, la cara visible de la editorial. Yo no conozco personalmente a Hombre Cohete, todas nuestras comunicaciones se han establecido, desde el inicio de la actividad editorial, allá en los principios de 2012, de forma telemática. El señor Cohete, en estos casos, es muy directo y práctico, sus mensajes son escuetos y funcionales, tiene la virtud, tan escasa según mi experiencia personal, de informar sin enredar; sus datos, peticiones, sugerencias u “órdenes” son concisas, breves y eficientes en grado superlativo, que hacen que el trabajo que me corresponde sea muy placentero.

Los mensajes que de él recibo, pese a que su lengua materna sea el alemán, están escritos en un impecable y envidiable castellano. Es posible que alguien le ayude en estas tareas de redacción de comunicados. Junto a él, que ocupa las funciones de Editor Jefe, está Leónidas Tchitcherine, que se encarga del trabajo propio del Redactor Jefe, y completa la plantilla Ricky Squalidozzi, responsable del Diseño Gráfico y Comunicados. Con ellos también siempre una comunicación a través de las redes.

            Se dice, se rumorea, que el Hombre Cohete vive apartado en algún lugar dentro del término municipal de Castellar de la Frontera; que es de procedencia alemana, nacido en Peenemunde y que trabajó siendo muy joven a las órdenes de Werhern von Braun, el diseñador aeroespacial de los cohetes V-1, V-2 y también del cohete Saturno V. Lo que puede hacernos pensar que tiene una formación científica que ha derivado con los años, y ya en su madurez, hacia intereses literarios. No en vano, su seudónimo “Hombre Cohete” está sacado de la novela de Thomas Pynchon “El arco iris de gravedad”, en la que el personaje Tyrone Slothrop es llamado así en varias ocasiones.

No me sentí nada bien cuando tuve estos datos sobre Hombre Cohete en mi poder, porque lo primero que pensé era que se trataba del típico nazi cabrón refugiado en un país propicio y acogedor para esos fines como lo era este en tiempos del dictador. Descubrí, después de mucho preguntar, que el joven ayudante del ayudante del segundo de von Braun, mientras trabajaba en la segunda fase del cohete, los V-2, se opuso, quizá demasiado vehementemente, a la utilización de un nuevo aislante llamado Imipolex G. Según entendió nuestro hombre, este polímero serviría para insonorizar la trayectoria del misil, de manera que eliminaba el característico sonido que producían los V-1 antes de estallar, lo que daba al enemigo cierto margen de maniobra para escapar al terrible y mortal impacto. Con este aislante llamado Imipolex G esa característica sonora, que el joven ayudante concebía como juego limpio aun en la maldad de la guerra, quedaba eliminada. Los cohetes V-2 caían sobre Londres matando a civiles que ni siquiera sabrían nunca qué había causado su muerte, tras el silencioso impacto. Las cosas se pusieron tan feas tras sus airadas disputas en contra del aislante que nuestro Hombre Cohete tuvo que huir tras ser señalado. Después de deambular algunos años no se sabe por dónde, recaló a principios de los sesenta en Nueva York, más tarde llegó a California y allí, en un hotel de Sunset Boulevard, The Modern Inn, conoció a Pynchon que empezaba a trabajar o a pensar en su novela más ambiciosa y quizá la más importante obra literaria de la segunda mitad del siglo xx. Como saben, “El arco iris de gravedad” da comienzo con el insistente bombardeo sobre Londres, mencionándose con profusión detalles de los misiles alemanes y la relación tan extraña o especial que algunos de sus protagonistas, como el propio Slothrop o Geoffrey Pirate Prentice, contraen con ellos. Es bastante posible que la información, a menos en parte, sobre los misiles la obtuviera Pynchon de boca de nuestro futuro Editor, y la elección de su apodo y el nombre de la editorial, un homenaje a la obra del escritor neoyorkino. El Imipolex G, cuando ya parecía olvidado y una anécdota menor en su biografía, lo ha perseguido hasta su vejez. Me explico: Un mal funcionamiento de su sistema urológico, llamémosle así, ha obligado al Editor, según prescripción médica, a llevar una sonda urinaria. Desde la primera que le pusieron su organismo las rechazó una tras otra: una virulenta alergia infecta o incomoda hasta la desesperación todo el tramo de uretra que está en contacto con la sonda. La mayoría de estas sondas llevan en su composición un porcentaje alto o medio de Imipolex G, a lo que el Hombre Cohete es altamente refractario. Después de muchas elucubraciones y búsqueda de alternativas, se le ocurrió mirar la composición de las sondas y en la descripción que al dorso del envase de una de ellas venía pudo ver el alto porcentaje del aislante que contenían. Se puso remedio, en parte, administrándosele sondas exentas del Imipolex G en su composición.

Antes de la Editorial, el Hombre Cohete se significó en las redes con un blog llamado Nuestro Funeral (http://nuestrofuneral.blogspot.com/), quizá el lugar o sitio en el que podamos extraer más y mejor información de la medida “intelectual” o el espacio cultural que transita nuestro personaje. Se presenta la publicación a modo de primera plana de un periódico convencional, mostrando en ella artículos, reseñas, fotografías, enlaces de interés, etc. Fue a través de ese blog, del quedé maravillado y aún lo sigo, que tuve contacto por primera vez con el mundo cultural de Hombre Cohete. Debí caerle simpático o me consideró afín a sus maneras de entender la literatura o el arte (siempre con minúsculas (el Hombre Cohete esquiva a los culturetas, a aquellos que hacen ostentosa exhibición de su conocimiento, a los que van de artistas e intelectuales en general), en esto mi coincidencia con él es absoluta) o cosas parecidas. Para iniciar su proyecto editorial me pidió que le mandara algún texto mío, que lo miraría con la posibilidad de edición si entraba dentro de lo que él considera publicable en sus Ediciones del Hombre Cohete, que así sería al fin el nombre de su editorial. Y le mandé “Pruebas de lo equivocados que estamos siempre” (2014), un libro de relatos que empieza con uno de una línea y acaba con otro que es una novela corta, que recién había terminado. Al Hombre Cohete le gustó mi libro, él siempre me dice que mucho, y fue el primero en publicarse en papel, ya que anteriormente había publicado virtualmente otros textos (entre ellos “Lisístrata y las otras músicas” de el ocio del suicida; “Todo importa un pimiento” de Juanjo Trujillo, una fotohistoria alucinante; una primera versión de “El príncipe rana” de Marcelino Díaz, y algo más que no recuerdo, y se llamaba, efectivamente, Ediciones Virtuales del Hombre Cohete; algunos de estos textos todavía disponibles para bajar en archivo PDF en la página oficial de la editorial. A “Pruebas…” siguieron los poemas de Juan Corrales, “Diario de un ripiomante” (2016), “contundente y satinado como el chasquido de un látigo”, dijo de él Manuel Barros, su prologuista. Meses más tarde apareció “La temperatura” (2016), del que esto escribe, de nuevo; “Los hibernados y otros cuentos” (2017) fue el siguiente, del exquisito escritor linense Manuel Barros, con una portada de Pistoles Plata a la altura de los más que magníficos relatos; volvió la editorial a pedirme otro texto para su publicación, y mandé “Pájaro fúnebre”, (2070); dos años después de la aparición de este libro, en este año cóvico, ha sido publicado en papel la versión definitiva de “El príncipe rana” (2020), de Marcelino Díaz, una novela rosa o romántica, como dice Luke Branded: “con un estilo internacional, aseado, práctico y objetivo, casi perfecto”. Hasta ahora este es el catálogo, ya hay preparado al menos dos textos más para su próxima publicación. Sobra decir que estén atentos ustedes a su pantalla, si quieren saber más sobre nuestro personaje y sus actividades editoriales.

Algunas otras cosas sobre el Hombre Cohete sé. Su exposición requiere tiempo y espacio, y sobre todo ganas de hacerlo por mi parte. Es cierto que cada día que pasa me entero de algo nuevo, a veces chorradas sobre manías como o parecidas a las que tenemos todos, también, hay que decirlo, de vez en cuando descubro un dato más que interesante. El Hombre Cohete es un tipo singular, si quieren saber cosas de él creo que acudir a sus pocos escritos y sobre todo leer con atención su Nuestro Funeral, y también su Editorial dice cosas sustanciales de él.

edicionesdelhombrecohete.blogspot.com

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